lunes, 1 de octubre de 2012

Evolución.


Mariposas. Sonrisas estúpidas. Miradas cómplices. Rubor. Le rozo. Calor. Mucho calor. Mi voz se corta. Gallos. ¡Tierra, tragame! ¿Cuándo voy a dejar de decir estupideces? Qué bien suena mi nombre cuando lo dice él. Más mariposas. Su mano en mi mano. El jodido cielo. Sus ojos; sus increíbles ojos. Y esa sonrisa...¡ay! ¿Dónde está el aire? ¿Cómo voy a acordarme de respirar si estás tan cerca de mí? Superávit de mariposas en mi estomago. De hecho creo que hay una batalla campal ahí dentro. ¡Y todo por tu culpa! ¿Qué soy qué? ¿Increíble? Ahora es cuando me desmayo, ¿no? A la mierda la vergüenza, voy a canjear el desmayo por tirarme a su boca. Besos. Muchos besos. Nuestras lenguas entrelazadas y las mariposas revolucionadas. Paseos de la mano. Pelis en su casa acurrucados. Café por las mañanas y cerveza por las noches. Besos a escondidas, y a plena luz del día. Felicidad. Noches que rozan la perfección, caricias que se podrían comparar con el jodido cielo. Su piel. Su piel contra mi piel.
Más besos. Más cafés y más cervezas. Bailes los sábados por la noche. Interminables paseos. Rutina. Aburrimiento. Ni si quiera me apetece verle. No, hoy no. Creo que alguien ha echado veneno a esas mariposas que había en mi estómago, porque a duras penas siento una. Excusas, excusas para todo. ¿Más besos? ¿Miraditas? ¡No todo lo vas a solucionar con éso! Gritos, discusiones, acusaciones. Mirarle y preguntarte en qué puto momento se jodió todo; en qué momento su mirada dejo de producirme una sonrisa, en qué momento ese sentimiento empezó a apagarse; qué cojones ocurrió. Le doy vueltas. ¿Quizás aquella noche en Plaza de España? ¿O fue en el viaje a Toledo con sus amigos? Nada. Ni idea. Pero...¿y qué importa en qué momento? Lo que importa es que ya no está ahí. Ni la admiración, ni el amor, ni las ganas de verle a cada minuto. Besarle. Por última vez. Se acabó. Se acabó todo. Y...¿ahora? Ahora culpabilidad. Vacío. Lágrimas. Sólo el final, un final más, como cualquier otro, como ninguno más.


jueves, 9 de agosto de 2012

Espejito, espejito...

El espejo ante el que se encuentra le devuelve la imagen de una extraña, de una desconocida. ¿Quién es ella? ¿Por qué llora? Siente la necesidad de abrazarla, de consolarla, pero también de ignorarla, porque ella cree saber que se lo merece; se merece la soledad y las lágrimas que derrama, se merece la incomprensión y ninguna oportunidad. Con las medias rasgadas y el rímel corrido sigue observando aquel reflejo que tan poco afirma conocer. Ya no ve a una chica solitaria inundada por lágrimas y soledad, sino el rostro de la duda y del miedo que se manifiesta en el maquillaje que ha escondido su verdad, en los tacones que le prometieron sentirse en lo más alto, y con los que ahora tiene vértigo, en las medias que como la seguridad en ella, terminaron por rasgarse, en su blusa y esa falda que tantas miradas despertaban y tantas palabras callaban y en su esmalte de uñas que brillaba con un rojo más intenso que el de la rabia que sentía al ver aquel reflejo. La mirada de la chica del espejo se clavaba en ella como la más fría y punzante de las puñaladas, angustiándola, matándola poco a poco. Una mirada llena de reproche y castigo. 
Sus manos recorrían su pelo con nerviosismo acariciando los pensamientos que habían empezado a desbordarse. Entonces gritó. Gritó con todas sus fuerzas; un grito lleno de rabia, de desesperación, de miedo. Aferró el primer objeto que se cruzó en su camino y lo arrojó contra aquella mirada que le atravesaba el alma, contra aquel reflejo que se negaba a reconocer, contra una realidad que había llegado a odiar con todo su ser. Pero ahora ésta se encontraba repartida en fragmentos por toda la habitación, reflejando todo, reflejando nada.
Ahora que aquel reflejo no estaba, la chica se sentía sola, abandonada, angustiada. ¿Cómo le diría ahora todo lo que sentía? ¿Cómo le pediría perdón? ¿Cómo se perdonaría? ¿Cómo recordaría cómo era su sonrisa si su reflejo no se lo podía mostrar? ¿Cómo iba a seguir adelante si ni aún destruyendo sus miedos podía dejar de pensarlos?


miércoles, 8 de agosto de 2012

Recuerda y olvida.



Recuerda tener los pies en el suelo y la cabeza en las nubes. Recuerda no marcar tus pisadas para no tentarte a retroceder. Recuerda que el camino nunca es obligatorio; hay bosques, ríos, callejuelas y muros que puedes atravesar. Y que no necesitas tacones para hacer oír tus pasos, ni pintarte los labios para dejar marca cuando vayas a comerte el mundo. Que ni el pecado ni la tentación tienen porque ser algo malo. Recuerda aquella canción que te dibuja una sonrisa al rememorar ese momento que te hizo llorar de felicidad. Recuerda soñar cada día y recuerda, también, que no hace falta estar dormida para soñar y que es totalmente necesario no estarlo para hacerlos realidad. Olvida la palabra imposible. Olvida los malos momentos porque tienes que hacer espacio para todos los buenos 
que están por llegar. Olvida todo y apréndelo de nuevo.
Descubre.
Vive.
Crece.
Sé feliz.


lunes, 25 de junio de 2012

Sufre Julieta en su balcón.


Paseaba sus dedos por las rejas del balcón, apoyando de vez en cuando la cara entre ellos y permitiendo así, que se marcase ligeramente dos líneas en sus pómulos. Sus pies, al aire, advertían el vértigo que ofrecía una calle de tristeza e inseguridad. Aunque el aire corría y la luz de las olvidadas farolas inundaba la pequeña terraza, ella se sentía presa. La vida la había encerrado, los sentimientos habían tirado la llave y la razón había apagado la luz. No sabía cómo salir, ni si podía ni si quería. El miedo ahogó sus gritos de desesperación y sintió que su cuerpo se reducía a suspiros de derrota. Quería ser feliz, pero había perdido demasiada práctica.


Allí estaba, con las piernas suspendidas en el aire, en un balcón que pedía a gritos un Romeo que rescatase a aquella Julieta perdida en un mundo que le quedaba demasiado grande.



miércoles, 18 de abril de 2012

No ver.

Nunca podrás ver el mundo como yo lo veo. Y no, no me refiero a un gran vacío negro. Tú crees que tan sólo diviso oscuridad, y no es así. Yo veo tus palabras volar en el aire, siento tu sonrisa y puedo imaginarla cuando tus dientes chocan o cuando te humedeces los labios. Puedo sentir cuando tus mejillas se enrojecen y escucho cuando una lágrima emana de tus ojos y, más aún, puedo saber si es de felicidad o de tristeza por la rapidez y el sonido que genera cuando recorre tu cara. Escucho el viento y escucho los colores. Yo no puedo ver un amanecer o las olas romper en el mar, pero, aunque no lo creas, yo veo la libertad, el amor y la tristeza.
Cuando tú rozas la piel de alguien simplemente la sientes, yo, a partir sólo de ese roce creo una persona, creo sus manos, el tacto de su piel, el color de sus ojos, si sus pestañas son largas o sus labios son finos, yo imagino a las personas, las invento. Lo hago desde sus defectos y virtudes, a partir de un ligero roce, de sus palabras, sonrisas y de sus ideas. Y eso, es más grande de lo que jamás podrás ver.


Y piensa que quizás seas tú quien está ciega, 
no yo que sin poder ver consigo crear
y tú,  pudiendo hacerlo prefieres ignorar y juzgar.


sábado, 10 de marzo de 2012

Metamorfosis

Cuatro paredes pintadas de desesperación rodeaban a la joven. Estaba sentada en una cama de muelles que chirriaban al son de su corazón.
Apenas entraba luz por la ventana, prácticamente cubierta por unas cortinas raídas por el tiempo y, quizás, por las ratas. Las sábanas que cubrían la cama dejaban escapar una nube de polvo cada vez que ella hacía el más mínimo movimiento. 
Y, como su vida, la habitación estaba en penumbra.
Dejó escapar un suspiro que trataba de retener el llanto que necesitaba aflorar. Y pensó en cómo había llegado hasta ese punto, por qué le había ocurrido a ella, qué haría y si sería capaz de moverse de esa cama algún día. 
Perdió las sonrisas en un callejón hacía alrededor de medio año, el brillo de los ojos en la mirada de desprecio de un desconocido cuatro meses atrás y la esperanza hacía tan sólo unas horas.
Y entonces, negando con la cabeza, una tímida sonrisa se dibujo en sus cortados labios.
Había luchado demasiado como para rendirse ahora, venciendo en batallas que nadie quisiera librar, y, que para bien o para mal, las había superado. Sus pies desnudos y ensangrentados habían corrido hacía unas horas sobre duras piedras. Las mismas con las que tropezó una y otra vez a lo largo de los años y por las que, una y otra vez se levantó, las mismas que la arrojaban desde hacía tiempo juzgándola y sentenciándola.
Pero no tiraría la toalla.
Se levantó, dejando que los muelles de la cama chirriasen y que el polvo se filtrase por su nariz haciéndola estornudar. Abrió la ventana e inspiró hondo. Las paredes ya no eran tan oscuras, ni las cortinas estaban en tal mal estado, incluso la cama parecía confortable y ella... Ella se había convertido en la chica más bonita del mundo.



De puta, como la habían hecho sentir,
a princesa, como se quería e iba a sentir.

lunes, 5 de marzo de 2012

Harley Quinn


Sostiene un mazo lleno de locura y viste un arlequín robado de tanto valor como los sueños que olvidó.
Unos dicen que vive de amor y otros aseguran que lo  hacen de locura. Y aunque muchos no lo sepan, ambos llevan razón, porque del amor vive y por la locura sobrevive.
Dibuja sonrisas con la misma facilidad con las que las arrebata y colecciona las miradas y los desprecios de su mayor amor, Joker.
Le busca en cada cueva donde un murciélago se atreva a asomar, entre las paredes del psiquiátrico donde le conoció cuando ella no vestía su locura, en las noches disfrazadas de atentados y en las sonrisas que sólo esconden amargura.
Oculta su perdida cordura tras un antifaz que también tapa una mirada que muchos sueñan con adivinar pero muy pocos se atreverían a ver.
Ama a Joker por encima de todo, y es la única que puede hacerlo, porque es la única que realmente le conoce.